UNIÓN TIERRA-CIELO, FINISTERRE.

UNIÓN TIERRA-CIELO, FINISTERRE.

Dicen que no existe división entre lo físico y lo etéreo, así lo siento yo, pero esta realidad se hace más evidente en determinadas circunstancias y lugares. Para mi Finisterre es uno de esos lugares en los que caen todas las fronteras.

Por primera vez fui a esa zona da Costa da Morte en 1993. Pasé casi un año trabajando como fisioterapeuta en el centro de salud de Cee y ya no me fui nunca. Cada año regresaba, aunque fuese poco tiempo. En aquella época me fascinó la belleza del lugar, despertaba en mi admiración y lo visitaba, lo miraba….

Fue en 2016 cuando fui por primera vez a Finisterre de otro modo «sola conmigo misma», me di cuenta entonces de que no es un lugar para mirar sino un espacio para sentir.

El Sol, el Viento, el azul del Mar elevándose y fundiéndose en el Cielo, elementos cien mil veces vistos fueron sentidos y a la vez yo fui sentida por ellos y acompañada. Acompañada de un modo no humano, el modo adecuado para mi en aquellos días. Por primera vez llevé uno de mis tambores a sonar en el exterior, llevé a Tierra, mi tambor de piel de caballo. Recuerdo que lo puse al Sol para que se tensara y después toqué, tímidamente en un inicio, después, cerré los ojos, sentí y brotó la fuerza, la potencia de ese lugar, despertando alegría, vitalidad, plenitud…..por primera vez el tambor llamó a un fotógrafo, recuerdo con cariño estar ensimismada y sentir el impulso de abrir los ojos… Frente a mi estaba un señor mirándonos, simplemente dijo «estaba allí arriba y escuché esto….no pude evitar venir hasta aquí». Quería escuchar y me pidió sacar una fotografía con Tierra, hicimos intercambio fotográfico y unión de sentires, así de simple, en un instante.

Siempre hago lo mismo y siempre es diferente, paso el faro, bajo todo lo que puedo las rocas y saco el tambor. Ahí siento estar en el último peldaño de la Tierra y el primero del Cielo, suspendida en el Infinito. Se abre el silencio, suena el tambor, la Voz, me dejo alcanzar, desaparezco para ser más, mueven Tierra y Cielo de modo perfecto.

Estas experiencias para mi fueron sanadoras y me aproximaron a integrarme. Comencé a compartirlas en las «Subidas a Fisterra» que se han ido abriendo y enriqueciendo al exponernos juntos a lo que somos. Compartimos un trabajo pero no lo es, es un día, es Vida, es un Lugar abrazándonos. Para extraer su jugo simplemente ser libres, iguales y dejarse hacer por lo que es más grande que nuestra efímera humanidad.

El próximo sábado 25 tendremos otra oportunidad de compartir una Subida a Fisterra. Se suma la energía del lugar y la de Santiago….los tambores ya están en Camino.

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EvaTiuanki

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